El Tesoro Escondido: Discernir el Corazón en un Mundo Convulso: P. Juan Rajimon

26 de julio 2026

Introducción: La búsqueda del sentido

Vivimos en un mundo acelerado que parece haber perdido el rumbo, donde nos cuesta encontrar el sentido de lo que sirve y hacia dónde vamos. Lo vemos a diario: niños y jóvenes atrapados en pantallas y videojuegos, viviendo en un mundo virtual pero desconectados de la realidad; familias y matrimonios sin un proyecto en común; instituciones como la familia, la educación, la justicia y la política profundamente desacreditadas o rehechas al antojo de las ideologías del momento. Incluso la fe y la religión suelen verse hoy como algo marginal o secundario.

En medio de esta confusión, corremos el peligro de perder la objetividad sobre el bien y el mal, creyendo que todo depende del criterio individual o de una tolerancia pasiva. Pero para el creyente, el bien no nace del consenso ni del capricho personal: Dios es el Sumo Bien y la fuente de toda verdad.

1. La lección del Rey Salomón: Pedir un corazón compasivo

Frente a la oportunidad de pedir cualquier cosa, el rey Salomón no pidió riquezas, ni fama, ni larga vida, ni derrotar a sus enemigos. Pidió un corazón comprensivo y dócil al Espíritu para juzgar a su pueblo y saber discernir entre el bien y el mal.

Un corazón sabio ante Dios es un corazón compasivo:

  • Es aquel que antepone las necesidades del otro antes que los propios deseos.
  • Es capaz de conmoverse y actuar ante el sufrimiento ajeno.
  • Mira las heridas en el otro con misericordia, más allá del problema o del juicio.

Salomón entendió que entre el bien y el mal los límites son muy finos y difusos. Para discernir y no perderse, Dios es indispensable.

Nosotros muchas veces tenemos pesadillas, no sueños que dan paz. Hay una necesidad de estar en la presencia de Dios para poder soñar.

2. Dos caminos, un mismo encuentro: El campesino y el comerciante

En el Evangelio de hoy, Jesús nos presenta dos imágenes muy claras sobre cómo actúa Dios en nuestras vidas: el tesoro en el campo y la perla de gran valor.

El campesino representa a aquel que no lleva una vida de fe constante, que tiene una práctica esporádica. Trabaja la tierra y, de pronto, tropieza con algo extraordinario que no buscaba.


El comerciante representa a quien busca activamente, a quien vive y practica su fe día a día buscando la verdad.

Pero fíjense en algo hermoso: a los dos, Dios los encuentra de manera sorpresiva.

Dios sale a nuestro encuentro por caminos insospechados. Nos sorprende en la alegría de una Eucaristía o en la escucha de su Palabra, pero también en medio de la vulnerabilidad: en una enfermedad, en un accidente, en una dificultad familiar o en un momento de duda. Así ocurrió con hombres como San Pantaleón, quien en medio de la enfermedad se la jugó por entero por Jesús y por los enfermos.

3. La valentía de apostar por la fe

Hermanos, necesitamos discernir y elegir. Tanto el campesino como el comerciante tuvieron que discernir. No eligieron entre lo malo y lo bueno, sino entre lo bueno y lo mejor. Ambos descubrieron que ese encuentro con Cristo superaba con creces cualquier cosa que poseían antes.

Por eso, llenos de gozo, van y vendiéndolo todo, compran el campo y la perla. No por sacrificio pesado, sino por la alegría inmensa del hallazgo.

Pedimos por la salud, trabajo, una bendición especial. Pero, poner a Dios en primer lugar no tiene precio. No hay nada por encima de Él: ni la salud, ni los bienes, ni los criterios del mundo.

Por eso es tan valioso el testimonio de nuestros abuelos, porque eligieron estar en la presencia de Dios en primer lugar. Y hoy nos toca a nosotros anunciar esto con valentía y compartir la fe en nuestros barrios. Hay que decir con claridad y amor:


No está bien no consagrar el domingo.
No está bien no comulgar ni recibir a Cristo.
No está bien no respetar a los abuelos ni dejar de bendecir a los hijos.
No está bien dejar de celebrar con alegría la gracia de la fe.

Como nos recuerda San Pablo: Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman. Los problemas y las dificultades son momentáneos; Dios siempre acomoda las cosas y su gracia nos sostiene.

Conclusión y Oración

Hermanos, el Señor hoy nos invita a no acomodarnos en una fe superficial ni a dejarnos llevar por las corrientes del momento. Recordemos que Dios sostiene siempre a quien acude a Él, aun cuando a veces nos cueste o no queramos venir.

Pidámosle hoy al Señor que nos conceda, como a Salomón, la gracia de un corazón compasivo y dócil. Que tengamos la sabiduría para discernir entre el bien y el mal, y que, al encontrarnos con Cristo en el camino de nuestra vida cotidiana, tengamos el valor de apostarlo todo por la inmensa alegría de su Reino.

Amén.

P. Juan Rajimon SVD

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